Cerrando las brechas en el mundo de la posverdad

 

El Foro de la OCDE 2017 tuvo lugar tras diversos trastornos políticos que pocos habrían previsto hace escasos 12 meses. Ocho años después de la explosión de la Crisis Financiera Global, la imposibilidad colectiva de tomar medidas suficientes para atender sus causas y sus legados, creó las condiciones para que surgiera una crisis de muy distinta naturaleza en el escenario político, exponiendo crecientes divergencias en la manera en que las personas experimentan y visualizan el mundo que habitan. Han surgido a la luz brechas entre las metrópolis y las capitales, por un lado, y las ciudades y los pueblos, por otro; entre los Millennials y los pensionados, entre los ricos y los pobres, entre los mejores y el resto.

Dichas brechas se han acentuado por la transformación digital que afecta aún a nuestras sociedades y economías en formas positivas y negativas. La confianza de las personas en las instituciones sigue perdiendo fuerza y muchos creen que el sistema es parcial a favor de los ricos y poderosos, que el trabajo arduo no es recompensado de la misma manera que la riqueza, y que los niños tienen pocas oportunidades de vivir mejor que sus padres. Esta frágil dinámica de confianza también ha causado impacto en los procesos de multilateralismo, cooperación internacional e integración económica y social, los cuales son puestos en tela de juicio por considerarse manifestaciones adicionales de las preferencias de las élites dirigentes.

Un aspecto central de esta crisis es el surgimiento del fenómeno de la posverdad. Ante el aumento de la digitalización y automatización, los aspectos emocionales e instintivos han superado al aspecto racional. La expresión figura ahora de forma tan prominente en el discurso público que en los diccionarios Oxford posverdad incluso se definió como la palabra del año en 2016. No se trata de un fenómeno del todo nuevo, y tampoco hay mentiras y giros en la política (algunos argumentaron que las guerras de panfletos de los años 1600 fueron uno de los primeros ejemplos). Sin embargo, la velocidad, el volumen y el alcance de los flujos de información del ecosistema digital actual indudablemente han afectado el ámbito y la magnitud, creando las condiciones perfectas para la proliferación de noticias falsas que influyen en la opinión pública y las opciones políticas.

Es cada vez más difícil distinguir “información” de “significado” y “noticias” de “opinión”. La democratización de los medios provocada por las nuevas tecnologías y plataformas digitales borró las líneas entre los creadores de contenido, mediadores, órganos normativos y consumidores de información. También ocasionó la desintermediación de las fuentes tradicionales de información y noticias, y los “guardianes” de estas. Según un estudio reciente realizado por el Pew Research Center, 62% de los habitantes de Estados Unidos utilizan los medios sociales como su fuente de noticias. Esto es significativo, puesto que estudios de la Universidad de Indiana muestran que las personas son tan o más propensas a compartir información errónea en Facebook, que información confiable.

El uso prominente de algoritmos en el espacio de los medios sociales también contribuyó al aislamiento o siloización: la generación de burbujas virtuales que facilitan la homogenización de opiniones, aislando a las personas de puntos de vista divergentes que cuestionarían sus propias verdades y creencias. Las presiones financieras relacionadas con nuevos modelos de negocios en la era digital también han afectado a los periodistas, al competir por recursos escasos, para generar el número máximo de “likes” o clics. En palabras de la editora de The Guardian, Katherine Viner: “En la distribución de noticias la viralidad parece privilegiarse por encima de la calidad”.

Ahora afrontamos la incómoda realidad de que la verdad, los hechos, las estadísticas y las opiniones “expertas” pierden peso en la toma de decisiones y las elecciones democráticas, y son reemplazados por aseveraciones “supuestamente adecuadas”, pero que no están basadas en hechos y parecen aceptarse como válidas porque desafían a la élite y los intereses creados. 

Aprendizajes obtenidos de la experiencia Brexit

La OCDE siempre ha apostado su reputación en la prestación de asesoramiento sobre políticas públicas basadas en evidencias. Si bien deben hacerse diferenciaciones válidas entre el suministro de datos y su interpretación, un componente clave del valor agregado de la OCDE —el principio básico de que los hechos y los datos orientan los debates— es inamovible. Sobrevivir en este mundo de la posverdad es una cuestión verdaderamente existencial para la OCDE, ligada en esencia con nuestra sostenibilidad como organización.

Vivimos una experiencia directa y aleccionadora en el periodo previo al referéndum del Reino Unido sobre su permanencia en la Unión Europea (UE) y sus secuelas. La OCDE no acostumbra intervenir en debates políticos previos a procesos electorales, pero, dadas las importantes ramificaciones de esta votación (22 de los 35 miembros de nuestra organización son también miembros de la Unión Europea), sentimos que era nuestro deber ofrecer análisis para ayudar a documentar el discurso público en el periodo anterior a las votaciones. A finales de abril de 2016, Angel Gurría dio a conocer el informe The Economic Consequences of Brexit (Las consecuencias económicas del Brexit: una decisión impositiva) en la London School of Economics (LSE), lo cual representó su principal contribución sustantiva al debate.

¿Qué sucedió después? Mientras el Financial Times y The Guardian reportaron de forma fidedigna el mensaje de la OCDE, la columna editorial de The Sun utilizó las estadísticas aportadas por aquella para abogar por políticas migratorias restrictivas. Con ello distorsionó el sentido del contenido del reporte; a la vez, desacreditó su argumento central: que las familias británicas pagarían un “impuesto Brexit” adicional y pesado; adujo que la OCDE era una “organización imparcial” que recibía fondos de la UE, y habló con superioridad a ciudadanos que “estaban hartos de los expertos”. Asimismo, las figuras clave de la campaña Leave (Salir) invadieron rápidamente los medios sociales para repetir estos mensajes, manteniendo el mito de que la Organización formaba parte de la nómina de la UE.

En la secuela directa de esta experiencia, sentimos que era importante ejercer cierto grado de humildad, cuestionar el enfoque que elegimos, y preguntarnos cómo podríamos habernos comunicado y relacionado con las personas de manera diferente.

Al viajar a Londres, una metrópolis y capital de un país, y presentar el informe en la LSE, ¿fuimos culpables de predicar a los conversos, de hablar a “gente como nosotros”? ¿Fuimos suficientemente conscientes de la llamada “geografía del descontento"? ¿Habíamos escuchado lo suficiente las inquietudes de las personas y las comunidades que se sentían privadas de derechos y desconectadas? Al centrarnos en argumentos económicos y datos consolidados, ¿no pusimos suficiente énfasis en los avances positivos en el bienestar y la calidad de vida de las familias que podrían conectarse con la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea? ¿Podríamos haber utilizado un lenguaje más sencillo, más fácilmente comprensible y más familiar para las personas? ¿No habría sido también importante enfocar nuestro trabajo en crear contenidos, videos e infografía más breves, que capturaran con mayor rapidez la imaginación y que pudieran tuitearse y compartirse mejor, en vez de publicar largos informes para conocedores?

Nuestra experiencia con el Brexit reveló la necesidad de cambiar la manera como participamos con los ciudadanos, los votantes y los contribuyentes, quienes son nuestros principales beneficiarios.

Cómo sobrevivir a la posverdad

Más allá de lo que la posverdad significa para nuestra operación como organización, naturalmente estamos interesados en cómo responder en términos más amplios, dadas las trascendentales implicaciones para las elecciones de política y para los resultados políticos y sociales.

El punto central de este cuestionamiento es el equilibrio entre la responsabilidad individual y colectiva. ¿Dónde se ubican los límites? El alcance de nuestra respuesta también dependerá de dónde nos encontremos en la curva de la posverdad. ¿Debemos esperar a que el barco hundido se enderece por sí mismo, o hemos llegado a un punto de inflexión que nos lleva a una nueva era que requiere algunos cambios fundamentales? Tal vez sea demasiado pronto para decirlo, pero vale la pena explorar varias respuestas.

Como suele suceder, el papel de la educación es decisivo. El trabajo de la OCDE sobre competencias globales pone un fuerte énfasis en el pensamiento crítico, preparando a los niños para distinguir entre hechos y opiniones y, lo que es más importante, para cuestionar y poner en tela de juicio la abundante información que circula por doquier. Aquí hay un fuerte vínculo con el concepto de responsabilidad cívica, la cual, sin duda, deberá evolucionar en una era digital en la que las personas se han convertido en mediadoras, productoras de contenido y posibles perpetradoras de “noticias falsas”.

Pero ¿es la educación nuestro último recurso? Podríamos, de manera instintiva, preguntarnos por qué hemos logrado promulgar leyes y regulaciones para proteger a los consumidores en el mundo de los productos y servicios, en tanto que en el ámbito de la información y las ideas, en gran medida se deja a las personas para valerse de sus propios medios. Sin menoscabo de la libertad de opinión y expresión, ¿no habría necesidad de tener estándares más eficaces en el mercado que fijaran ciertas restricciones para la conducta y los pronunciamientos de los influyentes y poderosos, o implantar normas más sólidas para nuestros guardianes, los periodistas, que desempeñan una función tan importante en exigir a quienes detentan el poder que rindan cuentas? ¿No ha  llegado el momento de extender a los votantes la protección que damos a los consumidores?

Tal vez se requiera un mayor escrutinio de la información pública durante los “grandes momentos”, como los procesos electorales. Esto podría incluir el uso de terceros independientes y organizaciones encargadas de verificar las reclamaciones presentadas.

La transparencia de la publicidad política en el espacio de los medios sociales también amerita mayor atención, dado que su uso va en aumento. El grado y la sofisticación de las técnicas de focalización que se emplean son asombrosos y mal entendidos por la mayoría de los usuarios de dichos medios sociales. La función de las plataformas de medios sociales probablemente tendrá que evolucionar reconociendo que de hecho se han convertido en editores de noticias e información. Tienen un papel clave que desempeñar para detener el flujo de noticias falsas, tanto al ser más transparentes en los algoritmos utilizados como al adaptarlos para restar prioridad al contenido de noticias falsas.

Por su parte, las empresas también deben intervenir al establecer condiciones más estrictas respecto a dónde se anuncian y al dar prioridad a la calidad y la credibilidad por encima del número de clics. Los incentivos financieros serán un factor decisivo para enviar una señal de que las noticias falsas no reditúan ganancias.

Democracia 4.0

Pero, para resolver las causas subyacentes del fenómeno de la posverdad, las instituciones y las élites políticas necesitarán solventar el déficit subyacente de confianza. Algo que ha quedado claro en debates políticos recientes es que los ciudadanos desean y esperan expresar su voz. La democratización de los medios ha sido uno de los factores que contribuyen a la difusión de noticias falsas, pero también ha generado un escrutinio y una presión sin precedentes para que haya apertura, rendición de cuentas y transparencia para los gobiernos.

Los ciudadanos exigen un cambio sistémico, una forma más ágil de democracia y de gobierno, más participativa y más sensible a sus necesidades y opiniones. Al aprovechar el poder de la transformación digital, la tecnología cívica puede ayudar a los gobiernos a ser más abiertos y transparentes, más innovadores e incluyentes en su forma de formular políticas, elaborar presupuestos o prestar servicios. El Índice para una Vida Mejor de la OCDE, si bien representa un pequeño paso en la dirección de la tecnología civil, nos ha permitido mejorar nuestra comprensión de las prioridades de las personas respecto al bienestar y la calidad de vida mediante la participación en línea. Por supuesto, un reto clave es cómo asegurarnos de que la participación en línea genere resultados significativos fuera de línea.

Como si se requiriera un recordatorio, constantemente debemos ganarnos el derecho de convertirnos en una fuente confiable de información objetiva y asesoramiento para ciudadanos comprometidos y conectados. Es tiempo de recurrir a nuestra inteligencia colectiva para cumplir con Mejores Políticas para una Vida Mejor.

Referencias y otras lecturas

Beer, D. (2017), “Algorithms: the villains and heroes of the ‘post-truth’ era”, Open Democracy. Available at: www.opendemocracy.net/digitaliberties/david-beer/algorithms-villains-and-heroes-of-post-truth-era

D’Ancona M. (2017), Post-Truth: The New War on Truth and How to Fight Back. Penguin.

Davies, W. (2016), “The Age of Post-Truth Politics”, New York Times. Available at www.nytimes.com/2016/08/24/opinion/campaign-stops/the-age-of-post-truth-politics.html?_r=0

Fidler, R. (1997), Mediamorphosis, 1st ed., Thousand Oaks, CA: Pine Forge Press.

Gottfried, J. and Shearer, E. (2016), News Use across Social Media Platforms 2016, Pew Research Centre www.journalism.org/2016/05/26/news-use-across-social-media-platforms-2016/

Norman, M. (2016), “Whoever wins the US presidential election, we've entered a post-truth world – there's no going back now”, The Independent. Available at: www.independent.co.uk/voices/us-election-2016-donald-trump-hillary-clinton-who-wins-post-truth-world-no-going-back-a7404826.html

The Economist (2016), “Yes, I'd lie to you”, The Economist, Print Edition. Available at: www.economist.com/news/briefing/21706498-dishonesty-politics-nothing-new-manner-which-some-politicians-now-lie-and

Viner, K. (2016), “How technology disrupted the truth”, The Guardian. Available at: www.theguardian.com/media/2016/jul/12/how-technology-disrupted-the-truth

OECD Forum 2017 issues

OECD work on public governance

OECD work on going digital

©OECD Yearbook 2017. See www.oecd.org/forum/oecdyearbook

Anthony Gooch

Anthony Gooch

Director de Comunicación y Relaciones Exteriores de la OCDE

 

 

 

 

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