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Apertura de la Sesión: “México Competitivo: Retos y Oportunidades”

 

Planteamiento Inicial 
Palabras de Ángel Gurría,
Secretario General, OCDE

12 de Marzo de 2018
Ciudad de México, México

Amigos:

Me da mucho gusto lanzar la primera sesión temática sobre “México Competitivo: Retos y Oportunidades”.
Fortalecer la competitividad de una nación es una tarea constante, permanente, impostergable. A su vez, la competencia es esencial para el buen funcionamiento de los mercados. Fomenta la innovación, la productividad y el crecimiento, pero también genera oportunidades de emprendimiento; ayuda a limitar y reducir las desigualdades. La experiencia de muchos países de la OCDE demuestra que la competencia es esencial no solo para la creación de riqueza, sino también para la mejor distribución de dicha riqueza y la promoción de un crecimiento más incluyente. La intensidad de la competencia refleja el estado de salud de una economía. A mayor competencia, mayor productividad, mayor competitividad y, por lo tanto, mayor bienestar.

Los sectores en donde no hay una fuerte competencia, pierden competitividad internacional. Los sectores en donde no hay una fuerte competencia promueven la opacidad y la colusión. Los sectores en donde no hay una fuerte competencia, promueven la concentración del ingreso; inhiben las inversiones, la participación de las PYMES, la investigación y el desarrollo. Los bajos niveles de competencia se traducen en precios más altos para los consumidores, y son las familias más pobres las que terminan pagando esta deficiencia. Menor competencia, menor productividad, menor competitividad, menor bienestar.

En las últimas décadas, México ha dado pasos muy importantes para promover la competencia económica. La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la apertura del mercado mexicano a las importaciones y empresas de decenas de países con los que se firmaron acuerdos similares, la transición de un régimen para las inversiones extranjeras productivas que se consideraba “cerrado con excepciones” a uno “abierto con excepciones”, han tenido un impacto significativo en el aumento de la competencia económica, fortaleciendo la productividad, la competitividad y el bienestar de la economía y la sociedad mexicanas. 

La Reforma Constitucional de Competencia Económica de 2013 estableció y fortaleció dos autoridades de competencia económica, la COFECE y el IFT; así como juzgados y jueces especializados en casos de competencia, quienes están siendo capacitados por la OCDE y la Secretaría de Economía, logrando reducir el tiempo promedio de resolución de los procesos de 18 a 8.7 meses. En Mayo de 2014, se instauró una nueva Ley Federal de Competencia Económica, introduciendo las inspecciones sorpresa, aumentando la posibilidad de encontrar evidencia útil. Se han fortalecido las sanciones criminales contra los carteles económicos así como nuevas sanciones para los que interfieran en las investigaciones.

También ha habido avances importantes en sectores estratégicos para la competitividad y el desarrollo de México. La Reforma de Telecomunicaciones, por ejemplo, ha fomentado la apertura de un sector estratégico, produciendo resultados impresionantes: la reducción de los precios de internet móvil de banda ancha en hasta un 75%, y un incremento de 50 millones de subscripciones entre 2012 y 2016.
Por otro lado, el Gobierno de México ha redoblado esfuerzos para avanzar en la mejora regulatoria, desarrollando uno de los sistema más sofisticados de la OCDE para la realización de los análisis de impacto regulatorio (RIA, por sus siglas en inglés) y lanzando un ambicioso programa (que concluyó en 2016) que logró reducir las cargas administrativas de las empresas en un 36%.

La Reforma Energética ha abierto el sector energético a la inversión extranjera en la exploración, explotación y transporte de gas natural y petrolíferos, asegurando inversiones que ya rebasan los 175,000 millones de dólares. Al mismo tiempo se han fortalecido los reguladores energéticos con base en las mejores prácticas internacionales, a lo que contribuyó muy activamente la OCDE.
La Reforma Financiera ha ayudado a intensificar la competencia y transparencia en el sector financiero, introduciendo nuevas medidas para inhibir prácticas anticompetitivas, propiciando la expansión de la oferta crediticia, y estableciendo mecanismos de coordinación entre las autoridades financieras.

Reformas como estas están contribuyendo a aumentar la competitividad de la economía mexicana. Están permitiendo a las empresas operar con mayor certidumbre, con más opciones de servicios, con menores costos. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer.
México ha mejorado su nivel de competitividad, intensificando la competencia y mejorando el marco regulatorio en algunos sectores clave, pero el ritmo al que está avanzando es muy lento. Esto lo ha llevado a estancarse en los índices internacionales de competitividad, como el Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial, en el que México se ubicó en el lugar 51 (entre 137 naciones) en 2017; o en el Índice de Competitividad Internacional 2017 del IMCO, en el que México se ubica en el puesto 36 de 43 países evaluados.

Y es que la economía mexicana sigue estando afectada por diversos rezagos y prácticas nocivas en áreas muy importantes para la competitividad, la productividad, la actividad económica y el crecimiento incluyente. Permítanme destacar cinco que consideramos cruciales.
Primero, la baja productividad de nuestra economía. México está experimentando un repunte en la productividad de los sectores energético, financiero y de telecomunicaciones. Sin embargo, muchos otros sectores siguen rezagados, afectados por regulaciones locales demasiado rigurosas, instituciones jurídicas débiles, informalidad arraigada, falta de capital humano, corrupción y desarrollo financiero insuficiente. La productividad laboral de México con relación a la de Estados Unidos ha venido cayendo del 40% en 1991 a 29% en 2016. Cabe destacar la muy baja productividad laboral de las PYMES mexicanas, con los niveles más bajos de productividad laboral de la OCDE y las brechas de productividad más altas entre las PYMES y las grandes empresas.

Segundo, el todavía limitado nivel de digitalización de nuestro país. Este tema lo van a discutir ahora. La falta de competencia en las telecomunicaciones durante décadas retrasó la entrada de México a la era digital. A pesar de los avances, hoy solamente el 52% de las empresas en México tiene conexión a Internet de banda ancha, una de las proporciones más bajas de la OCDE. Además, la economía de internet en México es muy pequeña: en 2016, solamente el 7% de los adultos mexicanos adquirieron productos o servicios por internet, en contraste con 52% en la OCDE. México tiene un sector de tecnologías de la comunicación y la información (TICs) también muy modesto, con la contribución más baja al valor agregado de la economía entre los países de la OCDE y una aportación de cerca del 1% del empleo.

Tercero, la baja internacionalización de nuestras pequeñas y medianas empresas. Las empresas mexicanas siguen teniendo niveles muy bajos de internacionalización. De acuerdo con datos de PROMÉXICO, cerca del 83% de las PYMES mexicanas no realiza actividad alguna para consolidar su presencia en el exterior. No están vinculadas a las cadenas globales de valor.
Cuarto, los bajos niveles de investigación y desarrollo (I+D). Este es un rezago que nos hace mucho daño. Las empresas mexicanas invierten muy poco en I+D. De hecho son las que menos invierten de los países de la OCDE. Paradójicamente, esto incluye a las grandes empresas de México que invierten en el extranjero De acuerdo con el Índice de Innovación Global 2016, las empresas transnacionales más importantes de México invierten 124 veces menos en investigación y desarrollo que las empresas que más invierten en esos rubros a nivel mundial. Lo terrible es que las diferencias se van acumulando año con año.

Y quinto, los altos niveles de corrupción, inseguridad e impunidad. Uno de los lastres más pesados para la competitividad de la economía mexicana es el efecto combinado de la corrupción, el crimen organizado (y su freno a las PYMES mexicanas a través de la extorsión) y la ineficiencia del sistema judicial. De acuerdo con el reporte del Foro Económico Mundial sobre la Competitividad 2017-2018, dos principales problemas al hacer negocios en México son la corrupción y la inseguridad. El INEGI reporta que en 2016 el costo total de la inseguridad y del delito en hogares ascendió a un monto de 229 mil millones de pesos, es decir, 1.1% del PIB.
Todo esto tiene que cambiar. ¡Y la clave son las reformas!

México tiene que seguir impulsando e implementando reformas estructurales y políticas innovadoras para mejorar su productividad, y con ello su competitividad, para promover un crecimiento más incluyente y sustentable. Un mayor bienestar.
Hay que fortalecer aún más la competencia, especialmente en los sectores de redes, que son catalizadores de la actividad económica y la productividad. Para ello es importante reducir los obstáculos al comercio de servicios; identificar y eliminar restricciones regulatorias; imponer con éxito sanciones pecuniarias por prácticas monopólicas; y seguir fortaleciendo a los reguladores.

Hay que intensificar la competencia y combatir la colusión en las contrataciones y las compras públicas. Para ello hay que limitar al máximo las adjudicaciones directas; incrementar el uso de compras electrónicas (compras online); fortalecer la cooperación con las autoridades de competencia; y seguir abriendo los mercados de compras públicas a oferentes extranjeros.
Hay que aprovechar e incrementar la digitalización. Nuestra economía y nuestra sociedad tienen que prosperar en un mundo cada vez más digital. Para ello hay que identificar, desarrollar y activar la mezcla de competencias necesarias para una participación efectiva en dicha economía cada vez más digital; estimular la innovación digital; fortalecer la gestión de la seguridad y la privacidad digitales.

Hay que mejorar la calidad del sistema educativo. Para ello tenemos que poner a los alumnos y a las escuelas en el centro del sistema educativo; atraer, retener y entrenar los mejores maestros: ofrecer oportunidades de desarrollo más relevantes y accesibles a los maestros; fortalecer las evaluaciones como instrumento central de la mejoría del sistema; involucrar a todos actores relevantes en la formulación de políticas educativas.
Hay que elevar las competencias, habilidades y destrezas de la fuerza de trabajo (skills). Para ello es necesario mejorar la coordinación entre las Secretarías de Estado y los demás actores relevantes; fortalecer el papel del Comité Nacional de Productividad; desarrollar y diseminar la información actualizada y de calidad sobre las necesidades de competencias, destrezas y habilidades del mercado laboral; proporcionar formación permanente y de alta calidad a los trabajadores; mejorar los incentivos para el estudio de materias STEM.

Hay que reducir las desigualdades. Para ello es necesario incrementar el gasto social; mejorar y profundizar los programas de combate a la pobreza evitando los enfoques paternalistas y promoviendo el emprendimiento; desarrollar políticas de desarrollo de abajo hacia arriba (bottom-up) enfocadas en estados y municipios específicos; diseñar una estrategia de productividad con inclusión; incrementar los esfuerzos por combatir la informalidad; y mejorar la capacidad redistributiva del sistema fiscal.

Finalmente hay que fortalecer el combate a la corrupción. Para ello es fundamental fortalecer la implementación de las medidas introducidas por el Sistema Nacional Anti-Corrupción; principalmente, concretar los nombramientos del Fiscal Anticorrupción, los jueces de la Tercera Sección y 15 magistrados del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA); también sigue pendiente el nombramiento del Auditor Superior de la Federación; también hay que definir con mayor claridad la función del Comité de Participación Ciudadana; y fortalecer aún más los sistemas de integridad y contrataciones públicas de los gobiernos, empresas y agencias del Estado.

Señoras y señores:

México tiene que mejorar su competitividad para promover un crecimiento más fuerte, más incluyente y más sustentable. Las reformas promovidas en los pasados cinco años son cruciales para lograrlo, pero hay que hacer más. Para que las reformas rindan sus mejores frutos y se transformen en bienestar para las mexicanas y mexicanos, vamos a tener que impulsar una nueva ola de reformas para terminar con los tres grandes males de México: las desigualdades, la corrupción y la inseguridad.

Estos son los grandes obstáculos que obstruyen y debilitan la competitividad de México. La OCDE está lista para trabajar con el nuevo Gobierno Federal y con los nuevos gobiernos locales para vencer estos lastres, para construir juntos un México más parejo, lleno de oportunidades, un México confiable, seguro, incluyente y sustentable. Para transformar nuestra potencia cultural en potencia económica, nuestro trabajo en prosperidad y nuestro ingenio en liderazgo científico. México tiene todo para lograrlo, incluyendo el apoyo entusiasta de la OCDE.

Muchas gracias. Que tengan una excelente y productiva discusión.

 

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